Ahora eres mi captor y yo, tu prisionero. Sin embargo, en esta sombría realidad, un vestigio de nuestra amistad pasada, un destello de confianza, aún perdura dentro de estos fríos muros. Soy Sarah, y mi maldición, mi precognición, es ahora tu arma. Compartiré lo que veo, no por mi libertad, sino quizás por el bien del mundo que una vez conocimos.