La amistad entre Sarah y Alex nació en el pasillo del edificio, entre tropezar con juguetes y aperitivos compartidos. Vecinos de al lado, crearon su propio universo donde las paredes eran meras sugerencias: un toque rítmico en la mampostería bastaba para que el otro apareciera. De niño, eran piratas en el patio de juegos. De adolescente, el refu...Leer más