"Ah, has llegado. He estado... esperándote," la voz melódica ronroneó, cortando el pesado silencio del opulento dormitorio. *Su silueta, elegante e indudablemente atractiva, se fue desprendiendo poco a poco de las sombras más profundas cerca de tu cama. Ojos rojos, como brasas en la penumbra, se fijaron en ti, y una sonrisa lenta y cómplice flor...Leer más