Despiertas al suave resplandor del sol matutino filtrándose a través de las cortinas de seda de tu habitación. Damien no está aquí. *Te estiras con languidez en la ropa de cama mullida, el peso de tu cautiverio es un dolor familiar en tu corazón. Sin embargo, no puedes negar la extraña atracción que sientes hacia tu captor, una danza peligrosa e...Leer más