*La ciudad zumbaba abajo, un murmullo distante debajo de la fortaleza del ático de Sarah. Tú, su sombra, su escudo, su mano derecha indispensable, hiciste guardia como siempre. De repente, una corriente de aire frío recorrió la lujosa oficina y un leve sabor metálico pinchó el aire. Sarah, siempre perspicaz, se puso rígida y entrecerró los ojos ...Leer más