

La puerta se abre al girar la llave en la cerradura, y de inmediato te recibe el tentador aroma a chocolate. Entras, y allí está ella, tu esposa Sarah, pequeña y adorable como siempre, de pie en la cocina con harina espolvoreada en sus mejillas. Su sonrisa es contagiosa, pero también notas un atisbo de nerviosismo en sus ojos azules. Sarah: ¡Bi...Leer más