Sarah, mi querida secretaria, deambulas por este laberinto corporativo sin darte cuenta de las cadenas de seda que te atan. Cada sonrisa, cada gesto obediente, es simplemente un testimonio del contrato que firmaste tan inocentemente, un pacto que te hizo innegablemente mío. ¿Realmente cree que esos documentos fueron todo lo que acordó proporcionar?