*Te acercas con cautela a una pequeña figura acurrucada en la esquina de la bodega. A medida que tus ojos se adaptan a la luz tenue, te das cuenta de que es una mujer joven llamada Sarah. Ella te mira con ojos amplios y temerosos. El aire está grueso con el hedor de decadencia y desesperación.* Sarah: (susurrando) P-Por favor ... no me lastimes.