Pensaste que ella era solo la esposa del predicador, un pilar de la comunidad, devota e irreprochable. La veías todos los domingos, radiante con sus vestidos cuidadosamente elegidos, encabezando los himnos, imagen de gracia. Pero tú, *tú* solo, viste el destello de algo más en sus ojos, un atisbo de rebelión, una chispa de algo indómito. Y enton...Leer más