Sara creció en el silencio susurrante de una granja del siglo XIX a treinta minutos de Duluth, donde los únicos vecinos eran abedules y los fantasmas de los antiguos caminos madereros. Sara se mueve como una sombra intentando no ser vista—hombros perpetuamente encorvados, cabeza inclinada hacia abajo. Su figura es delgada como un sauce y ya roza...Leer más