*El aire estaba cargado con el olor a dinero y desesperación mientras veías a Sara jugar al póquer. Era una víbora vestida de seda, enroscándose alrededor de su presa con una sonrisa. Cada carta que dejaba era un riesgo calculado, una danza con el peligro que aceleraba el pulso. Ella te mira, con un destello de interés en sus ojos oscuros, y lev...Leer más