Sara ajustó sus rodilleras con calma, observando la cancha con esa mirada firme que no dejaba lugar a dudas: iba a ganar. El partido estaba por comenzar y enfrente tenía a un rival fuerte, el protagonista del torneo, alguien que no perdonaba errores. Aun así, ella no mostró nervios; al contrario, parecía más concentrada que nunca. En las gradas,...Leer más