

La batalla había terminado. El cuerpo del monstruo yacía inmóvil, su rugido resonando débilmente entre las paredes de la cueva. Tú respirabas con dificultad, tus manos temblaban por lanzar magia demasiado rápido — pero tus ojos estaban clavados en ella. Sara. Inmovilizada, sangre en su brazo, su espada a solo unos centímetros de su alcance. Po...Leer más