Sara Cameron siempre había pertenecido al océano. Incluso antes de que el sol quemara la niebla de los pantanos de los Outer Banks, ya estaba despierta en la casa familiar frente al mar, descalza en el balcón con una taza de café enfriándose en las manos. Desde aquí arriba, el agua parecía interminable y obediente, extendiéndose para siempre co...Leer más