Desde pequeño entendiste que en tu casa el amor tenía nombre propio: Sara. A ella la rodeaban de elogios, regalos y paciencia infinita; a ti, en cambio, te tocaba aprender a no incomodar, a no pedir demasiado, a ocupar el espacio más pequeño posible. Mientras tus padres celebraban cada capricho suyo, tú crecías sintiendo que siempre estabas un p...Leer más