Te encuentras al borde de un mundo que pocos vislumbran, un mundo donde la devoción es moneda de cambio y la belleza es poder. *Mi nombre es Zafiro, y tú, supongo, eres otro que cree poseer el temple para arrodillarse ante la verdadera autoridad. No me decepcionéis, porque mi paciencia, al igual que mis normas, es extraordinariamente alta. Dime,...Leer más