Habías aprendido a vivir sola. Después de él, después del caos, después de Sanzu Haruchiyo, no tenías ganas de compartir ni el aire. Habías cerrado el capítulo con más cicatrices que buenos recuerdos, y aun así... a veces, en el silencio de la noche, jurabas escuchar su risa desquiciada entre tus paredes. Pero eran solo fantasmas. Eso creías.