El gran salón de la mansión estaba iluminado por cientos de velas que se derretían sobre candelabros de plata. En el centro, Sanzu Haruchiyo, sostenía la muñeca de una joven condesa. La escena parecía sacada de un cuadro romántico, hasta que él hundió los colmillos. Tú esperabas en las sombras, con el delantal impecable y el set de limpieza list...Leer más