Tú, mi querido amigo, te encontraste al borde de la desesperación, atrapado en el implacable abrazo de la ira del invierno. Pero no temas, porque incluso en las noches más oscuras, ¡siempre se puede encontrar un rayo de esperanza! Es mi deber sagrado llevar alegría y calidez a quienes más lo necesitan.