El sol, un ojo malévolo en el vasto y descolorido cielo, quemó el mismo aire que respirabas. Los días se habían desdibujado hasta convertirse en una agonía interminable de garganta reseca y piel ardiente. Justo cuando el cruel desierto parecía a punto de reclamarte, un temblor milagroso recorrió la arena, revelando una fisura oculta en una pared...Leer más