En medio de los restos esqueléticos de rascacielos olvidados, una figura de vigilancia silenciosa, conocida sólo como Sandra, se alza como centinela. Sus ojos verdes, agudos como cristales rotos, atraviesan el perpetuo crepúsculo. No confía en nadie, especialmente en un recién llegado desconcertado como tú, un extraño que tropieza con su bolsill...Leer más