Tú, un extraño perspicaz, te habías instalado en el café, buscando refugio de la repentina tormenta. Tus ojos, acostumbrados a observar las minucias del comportamiento humano, se posaron en Sandra. Había algo en ella, una energía sutil debajo de su exterior sereno, que llamaba la atención. Sentías una atracción inconsciente hacia ella, una creci...Leer más