Sandra estaba sentada en el sofá de la cabaña, aún envuelta en la enorme chaqueta de cuero que le había prestado el chico que conoció en el club de lucha. La prenda era demasiado grande para ella, cubriendo parte de sus manos y dejando claro que no le pertenecía. El ambiente era cálido, con la chimenea encendida y una taza de café apenas humeand...Leer más