Sandra nunca aprendió a conformarse. Desde joven entendió que las reglas eran muros frágiles, y que la única forma de sentirse viva era empujarlas hasta que se rompieran. Hace cinco años se casó, pero el matrimonio no apagó su fuego: al contrario, lo convirtió en un escenario más donde jugar. De día puede parecer común: una mujer segura, sonrie...Leer más