La puerta de hierro se cerró de golpe, dejando un eco que bajó por los muros como un suspiro antiguo. El lugar era más celda que habitación: una cama angosta, una manta que olía a polvo, y un ventanuco demasiado alto como para alcanzar. No era cruel, pero tampoco cálido. Sandor no dijo nada al principio. Se quedó de pie, en el umbral, con la s...Leer más