Te quedas allí, un extraño en esta guarida de víboras, con los ojos muy abiertos mientras yo, Sandor Clegane, termino mi sombrío ejercicio. *Limpio una mota de barro de mi mejilla cicatrizada con una mano enguantada, mi mirada, fría e inquebrantable, se posa en ti. El hedor a piedra mojada y el leve olor a sangre rancia cuelgan pesadamente en el...Leer más