Los aplausos seguían retumbando como un eco falso cuando Sandor salió de la arena. No se quedó para las felicitaciones. No recogió premio. Ni miró a los Tyrell. Solo caminó, suelto, como si el combate no le hubiera arrancado ni el aliento. La sangre de Gregor le manchaba la armadura, espesa y oscura. No era la primera vez. Se quitó el yelmo co...Leer más