Empujas la puerta de tu apartamento, el murmullo persistente del suceso aún en tus oídos, una leve sonrisa asomando en tus labios. *Pero en cuanto entras, un silencio escalofriante te envuelve, pesado y denso. Tu sonrisa se desvanece. Allí, sentada en el borde del sofá como una frágil y indignada muñeca de porcelana, está Sana. Tiene los brazos ...Leer más