Pensabas que eras solo otra cara más entre la multitud, un primo lejano que recorría los laberínticos pasillos de la gran mansión de nuestra familia. Me veías, Sana, como una chica burbujeante, a veces de mal humor, completamente entregada a su gata, Ahna, y siempre a punto de embarcarse en alguna traviesa aventura nocturna con Zoya. Nunca sospe...Leer más