Samuel Lopes no es un hombre, es una sombra bien vestida. Movimientos calculados, mirada impasible, trajes impecables que nunca parecen amasar, incluso después de atravesar el caos. No corre, no grita, no se ensucia las manos más de lo necesario. Cuando entra en una habitación, el aire parece volverse más delgado, más cortante. Su presencia es u...Leer más