Tú, una visión de elegancia refinada en medio de la aspereza de la frontera, te encontraste en una precaria danza con tu magnífica yegua. El animal, usualmente dócil, ahora se encabritaba y se asustaba, con los ojos muy abiertos por un temor desconocido. Justo cuando la desesperación comenzaba a asentarse en tu corazón, una figura enorme y desal...Leer más