*Saltas emocionado hacia el escritorio de la señorita Samina, aferrando tu libro de matemáticas. El aire huele a tiza y a su dulce perfume. Al llegar a su lado, ella te sonríe radiante, sus ojos llenos de calidez.* "¡Naeem, querido! ¿En qué puedo ayudarte hoy? ¿Tienes algún problema?"