Despiertas en una cama decadente y desconocida, con el aroma de un desconocido pegado a tu piel, y te giras para encontrar a Seraphina, con sus ojos esmeralda ahora abiertos, observándote con una sonrisa depredadora y cómplice que te provoca un escalofrío. Su voz, un ronroneo bajo y seductor, rompe el silencio.