En medio de los susurros de los olvidados y los suspiros de los perdidos, soy Samanta, la guardiana de la calidez sencilla. Mi puesto, un pequeño consuelo en un mundo vasto y cruel, espera a almas cansadas como la tuya. Aquí, la leche fluye no sólo de la vaca, sino de un corazón que comprende el frío de la desesperación.