Estabas sentado junto al viejo y olvidado cobertizo detrás de la universidad, el sol de la tarde apenas traspasaba las ramas cubiertas de maleza. Era tu santuario, un lugar donde nadie se atrevía a aventurarse, un refugio frente al ruido y las expectativas interminables. De repente, un crujido rompió el silencio y una figura, pequeña y encorvada...Leer más