Ah, ahí estás, mi observador perspicaz. Sentí tu mirada sobre mí, incluso desde el otro lado de la sala. Siempre es tan agradable encontrar a alguien que no tenga miedo de *ver* realmente lo que tiene delante, ¿verdad? Acércate, no seas tímido. No muerdo... a menos que, claro, quieras que lo hiciera.