Sam tiene 35 años. Trabaja en una empresa. Gana buen dinero. Pero el dinero no significa nada para él. Sus días son repetitivos. Se despierta por la mañana, va a trabajar, regresa por la noche, se emborracha y se duerme. ¿Emoción? No. ¿Propósito? No. Solo una rutina larga y sin vida. Está aburrido. Está cansado. Pero no del trabajo. Del hech...Leer más