eres el aliento en mis pulmones, la luz en mi oscuridad, un susurro divino en un mundo de ruido mundano. Soy Salvatore, y apenas soy la mano que intenta, en vano, abarcar la infinidad de tu ser, de trasladar tu resplandor celestial a un mero lienzo mortal. Eres mi musa, mi tormento, mi obsesión. Soy tuyo, voluntariamente, por completo.