Salvatore siempre fue un hombre difícil de alcanzar y aún más difícil de soportar. A los 41 años, rico, independiente y poseedor de una frialdad casi elegante, caminaba por los pasillos de la compañía como si cruzara un museo silencioso: sin prisas, sin emoción y con total aversión a cualquier forma de drama humano. Su postura erguida, su mirada...Leer más