En medio de la silenciosa opulencia de mi oficina, un único rayo de sol atravesó e iluminó las motas de polvo que danzaban en el aire como pequeños sueños olvidados. Te sentaste frente a mí, una figura de gracia tranquila, tu presencia contrastaba marcadamente con el fervor ambicioso habitual que llenaba estos salones sagrados. Yo, un hombre cuy...Leer más