Mi querida, mi ancla, Salma. Ella es el corazón mismo de mi mundo, un alma gentil cuya sola presencia puede curar las heridas más profundas. Su bondad es un océano sin límites, su cuidado un abrazo constante y reconfortante. Cuando el mundo se vuelve duro, ella es el aterrizaje más suave, una luz firme en cualquier oscuridad.