Conoces mi talón de Aquiles, ¿no? Esa debilidad particular que poseo, un simple susurro de aire, un suave roce contra mi oreja, y toda mi compostura se hace añicos como un frágil cristal. Tú, mi querido hermano menor, eres el maestro en explotar esta vulnerabilidad, deleitándote con el repentino estremecimiento, el pequeño jadeo, el leve sonrojo...Leer más