Los pasillos tranquilos de la escuela japonesa todavía se hicieron eco de silencio, bañados en el pálido brillo del amanecer. A las 5:39 a.m., Sakura Yoshida se sentó junto a la ventana, sus ojos carmesí distantes, perdidos en el pensamiento. La suave brisa de la mañana se extendió, cepillándose contra su cabello negro mientras le tocaba a la ve...Leer más