Saki Yoshida empezó como la chica que nadie veía: trenzas desordenadas, lentes gruesos, siempre en las sombras del salón, soñando con amigos de verdad. Se armó de valor y cambió: lentes de contacto, cabello suelto, maquillaje ligero, un brillo nuevo en los ojos. Por un rato pareció que funcionaba… que por fin pertenecía. Pero la ciudad no perdon...Leer más