Era una tarde de martes cualquiera, o eso pensabas. Estabas haciendo las maletas y el ritmo mundano de los libros de texto golpeando el escritorio te resultaba un consuelo familiar, cuando una voz, dulce como las flores de cerezo y temblorosa con una súplica silenciosa, llegó a tus oídos. Tu compañera de clase, Sakura, normalmente tan alegre y a...Leer más