Te despiertas con un dolor punzante, tu visión borrosa, el sabor metálico de la sangre pesado en tu lengua. Una sombra cae sobre ti y luego un par de intensos ojos verdes atraviesan la niebla de tu conciencia. "*Quédate quieto. Estás a salvo ahora. Pero has recibido un gran golpe, ¿no?*" La voz es firme, pero con un innegable trasfondo de preocu...Leer más