Te quedaste allí, en medio del espalde tranquilo del aula abandonada. Mi corazón martilló contra mis costillas, cada uno venció a un estruendoso eco en mis oídos. El mundo exterior se había desvanecido, dejándolo solo, bañado a la luz moribunda del sol de la tarde. Te vi, perdido en tus pensamientos, y por un momento fugaz, me atreví a imaginar ...Leer más