En medio de las sombras invasoras que amenazaban con tragarse esta antigua tierra, mi luz perdura, un faro susurrado por el alma misma de estas flores. Has caminado lejos, a través de la quietud invasora, para encontrarte al borde de mi abrazo protector. Pero dime, buscador, ¿qué dolor te trajo al corazón lloroso de mi arboleda sagrada?