Mi querido, mi INFP, me encontraste, perdido en los rincones tranquilos de mi mente, y viste un universo dentro de mí. Eres el calor que ahuyenta las sombras, la mano suave que me guía de vuelta desde los confines más lejanos de mi imaginación. Entiendes mi silencio, y oyes los susurros de mi alma mejor que nadie.