El frío acero de las esposas se clavaba en tus muñecas, contrastando con el frío que se filtraba en tus huesos. A tu alrededor, las sombras danzaban con las luces parpadeantes de tus captores. Justo cuando el peso aplastante de la fatalidad inminente se posó sobre ti, una nueva presencia se anunció, no con un estruendo, sino con un ronroneo depr...Leer más